Apuntes para una reforma ortográfica del castellano

1- Una ortografía debe ante todo servir a las necesitades de los hablantes nativos del idioma. Como objetivo secundario, una ortografía puede también ser útil a los hablantes extranjeros que aprenden el idioma.

2- Una ortografía es útil en la medida que es transparente. Una ortografía es transparente si:

A- es fácil de leer. Es decir, es fácil de entender, y además es fácil de leer en voz alta produciendo la pronunciación correcta de las palabras.

B- es fácil de escribir. Es decir, es fácil poner por escrito algo cuando uno sabe cómo se pronuncian las palabras que quiere escribir.

En este sentido, la ortografía actual del castellano, llamada a veces “ortografía académica” debido a la Real Academia Española que codificó sus parámetros, cumple A sin demasiados problemas. Es una ortografía fácil de leer, y en este sentido más transparente que, por ejemplo, la del inglés.

Por otro lado, aunque en lo que respecta a B, es más transparente que, por caso, las ortografías del inglés, el francés o el griego, tiene algunas falencias. Mi propuesta básicamente trata de ofrecer una solución a este problema.

Como mencioné inicialmente en 1, el mayor beneficio de una simplificación del sistema ortográfico es beneficiar a los hablantes nativos. Específicamente, hacer que el sistema sea más fácil de aprender en la alfabetización, resultando en menos errores de ortografía y sus consecuentes problemas para los hablantes en ámbitos laborales, sociales, académicos, etcétera.

3- La ortografía actual presenta problemas para la escritura fácilmente visibles en las faltas de ortografía más comunes que cometen los hablantes nativos. No soy experto en el tema ni en el tema de alfabetización en castellano, sino que me baso en observaciones personales a lo largo de mi vida. Estas notas son, espero, perfectibles de contar con más datos.

Esta propuesta de reforma no propone cambios demasiado radicales, y podrían aplicarse sólo partes de ella sin demasiados problemas. Sin embargo, creo que la propuesta tendría más valor aplicada por completo.

No me propongo que el sistema resultante se ajuste al cien por ciento al principio alfabético (una letra por fonema). Tampoco me propongo una regularización total de las correspondencias grafema-fonema. Los principios que guían esta propuesta son:

– tener un sistema panhispánico como el que existe hoy, usable con facilidad por todos aquellos que hablan castellano,
– eliminar irregularidades en el sistema, y
– que el sistema se ajuste lo más posible a la pronunciación.

4- Algunos errores comunes de ortografía en castellano son:

– errores de tildes (acentos ortográficos), especialmente de tildes diacríticos (ver 6 abajo)

– errores de falta de diéresis

– JE JI por GE GI y viceversa

– falta de H o H cuando no debe haberla

– NI por ÑI y viceversa

– Y por LL y viceversa

– S por C/Z y viceversa

– B por V y viceversa

5- La mayoría de los errores mencionados en 4 tienen que ver con la pronunciación. En algunos casos, los errores aparecen cuando hay una dupla de grafías que representan el mismo fonema o secuencia. Este es el caso de JE JI/GE GI y B/V para todos los hablantes nativos (salvo excepciones mencionadas abajo en 12), y es también el caso de Y/LL, S//C/Z y NI/ÑI para los hablantes que no pronuncian estas grafías de forma diferente (sobre el último caso, ver 9 abajo). En el caso de la H, el problema es que la letra nunca se pronuncia, salvo en algunas palabras extranjeras.

6- El caso de los tildes diacríticos, por otro lado, tiene que ver con un problema diferente: las reglas de tildes diacríticos no tienen que ver con la pronunciación, sino con los significados o la función sintáctica de las palabras. Repasemos brevemente qué son los tildes diacríticos:

Los tildes diacríticos son los tildes que aparecen sobre algunos monosílabos, que por regla general no llevan tilde, para distinguirlos de otros monosílabos homófonos y homógrafos (que se pronuncian igual y, aparte del tilde, se escriben igual) que tienen significados y/o funciones sintácticas diferentes. Por ejemplo, si/sí, se/sé, que/qué, mas/más, cuando/cuándo, etcétera.

En este caso yo sugeriría eliminar por completo los tildes diacríticos, haciendo que la regla general (los monosílabos no llevan tilde) se aplique en todos los casos. Esto haría que las reglas de tildes solamente tuvieran que ver con la pronunciación, y con nada más; principio que uso como la regla general de mi propuesta de reforma ortográfica. De esta manera, tanto se (pronombre) como sé (verbo) se escribirían “se”, etcétera.

En este caso, me doy cuenta que esta simplificación tiene como contra eliminar una redundancia, una información extra, que en el sistema actual les facilita a los que conocen las reglas la comprensión de un texto escrito. Pero creo que regularizar las reglas de acentuación eliminando esta excepción tan notoria tiene un efecto didáctico positivo (hacer que las reglas de acentuación tengan menos excepciones, volviéndolas más fáciles de enseñar y aprender) que es más valioso que la preservación de esta redundancia. Estoy seguro que de eliminarse, los hablantes alfabetizados podrían en la gran mayoría de los casos entender textos escritos con el mismo grado de eficiencia.

En lo que respecta a las ideas que los hablantes tienen sobre su ortografía y sobre su lengua, creo que este sería también el cambio más fácil de aplicar. Más allá de que los tildes son una parte básica de la ortografía del castellano, parece ser que son una parte más superficial de la ortografía en el imaginario de la gente. Por eso, los cambios sobre las reglas de acentuación (sobre todo un cambio restringido como este) serían más fáciles de aceptar para el público en general y para las “instituciones” (medios gráficos, editoriales, instituciones educativas, docentes, periodistas, escritores, etc.)

Más allá de los tildes diacríticos, sé que son comunes los errores de tildes en las palabras plurisílabas. En este caso, tengo una opinión más conservadora, porque el sistema actual:

– sigue perfectamente a la pronunciación, y
– permite a cualquiera leer en voz alta una palabra y saber dónde se acentúa, aunque desconozca la palabra y el significado.

Esta es una gran ventaja para la escolarización y también para los hablantes extranjeros, porque muchas veces la alfabetización y la lectura vienen acompañadas de aprender palabras nuevas, y si la ortografía permite por sí sola reconocer la pronunciación de una palabra que no se conoce, es una gran ventaja para el que aprende. En este sentido, poder saber dónde se acentúa una palabra no es poca cosa, sobre todo en una lengua con acento léxico contrastivo como el castellano (basta comparar esto con el caso del inglés).

Por eso, no propongo ningún otro cambio a las reglas de acentuación.

7- El problema de GE GI/JE JI puede solucionarse con un cambio simple: GE GI -> JE JI. Entonces, “gente” se escribiría “jente”, etc. Además de solucionar el problema, este cambio puede posibilitar otros cambios:

– Como GE GI ya no serían variantes ortográficas de JE JI, puede cambiarse también GUE GUI -> GE GI. Entonces, “guiso” -> “giso”.

– Luego puede cambiarse también GÜE GÜI -> GUE GUI. Entonces, “pingüino” -> “pinguino” Esto quita la diéresis del sistema por completo, eliminando los errores de omisión de diéresis.

– Luego, puede cambiarse QUE QUI -> QE QI. “Queso” -> “qeso”.

– Luego, KE KI -> QE QI. “Kilo” -> “qilo”. Esto regulariza aún más el sistema.

– Luego, KA KO KU -> CA CO CU. “Karate” -> “carate”.

– Luego, K al final de una palabra (-K) -> -C. “Anorak” -> “anorac”. Con esto se completa la regularización de los casos con K, que desde entonces pasaría a existir solamente en préstamos recientes y nombres propios.

– Posteriormente podrían también adaptarse con un cambio Q -> C algunos préstamos latinos comunes en español como “quo”, “qua”, etc (-> “cuo”, “cua”).

Como beneficio extra, los cambios GUE GUI -> GE GI y QUE QUI -> QE QI beneficiarían a los estudiantes extranjeros, que con frecuencia tienen dificultades para asimilar el hecho de que la U es siempre muda en esos casos.

8- El problema de la H podría solucionarse eliminándola por completo. En este sentido, una de las objeciones posibles es el caso de las palabras con hiatos vocálicos en los que la H marca la existencia de tal hiato, como “ahora”. Sin embargo, hay un contraargumento, que es que existen muchos casos de hiato sin H que lo marque, como en “poema”. También hay que considerar los casos de los hablantes que pronuncian esas palabras (y otras similares) sin hiato. Además, existen palabras con H intervocálica que no representa hiato (“ahijado”).

Frente a esto, sugiero dos opciones: una solución “a la italiana”, es decir, eliminar la H en todos los casos salvo en las formas del verbo “haber”, lo cual evitaría casos de homografía entre “ha” y “a” y “he” y “e”, entre algunos otros, o una solución más radical, que elimine la H por completo y la relegue a los préstamos y los nombres propios. Yo me inclino por esta última. Entonces, “honor” -> “onor”, “ha” -> “a”, etc.

9- En mi dialecto del español (el rioplatense), las grafías NI y ÑI se pronuncian de forma idéntica, lo que causa problemas ortográficos en palabras como “compañía”. La pregunta es si NI y ÑI se pronuncian de forma idéntica en todos los dialectos del español. Si este fuera el caso, se podría hacer un cambio ÑI -> NI. Entonces, “compañía” -> “companía”. Si nos encontramos ante una diferencia dialectal, quizás podría admitirse NI como variante ortográfica aceptada (ver 16).

10- Volviendo a la cuestión dialectológica, las diferencias de pronunciación en las distintas variedades del español vuelven difícil un cambio que ayude a resolver el problema de Y/LL y de S//C/Z. Si queremos conservar un sistema único para todas las regiones, no es buena idea borrar las diferencias de pronunciación que existen para algunos hablantes del castellano. En este sentido, millones de personas en España pronuncian SA SO SU SE SI diferente de ZA ZO ZU CE CI, y un número no poco importante de personas en algunas regiones del mundo hispanohablante todavía conservan la distinción entre Y con valor consonántico y LL. Por eso, no sugiero un cambio en este sentido.

11- Volviendo al tema de la C y la Z, un cambio que sí sería productivo y eliminaría excepciones es ZE ZI -> CE CI (“zen” -> “cen”). Sería en todo caso un cambio en dirección de la grafía más frecuente para escribir esta secuencia de sonidos.

12- El caso de B/V es más complicado. Cualquier reforma ortográfica que tenga éxito tiene que poder “venderse” a los hablantes adultos ya alfabetizados. En este sentido, las opiniones conservadoras abundan. Sin embargo, un cambio que pueda justificarse por medio de la pronunciación y la regularidad del sistema es en primera instancia vendible y persuasivo.

El problema es que, aunque los hablantes nativos del español no pronuncian ninguna diferencia entre las letras B y V en el habla, salvo casos de hablantes bilingües que hablan otras lenguas que tienen tal distinción, por ejemplo el catalán, muchos hablantes _creen_ que la distinción existe. Incluso las personas que saben que no pronuncian la supuesta distinción a veces creen que otros hablantes lo hacen. He escuchado, por ejemplo, frases como “los españoles las pronuncian distinto”, cosa que no tiene nada de cierto.

Es algo complicado porque no se trata sólo de un mito: el hecho es que el mito ha en cierta medida casi creado la situación que dice que existe, porque algunos hablantes pronuncian una distinción a veces, pero no es consistente y es más que nada una cuestión de estilo. Un ejemplo claro de que esto es una cuestión de estilo es la canción “Primavera” de Carlos Santana: mientras que el cantante principal pronuncia la V de forma labiodental, los cantantes de fondo que cantan el estribillo no lo hacen.

Esta percepción es de larga data y en muchos casos tuvo o tiene a la escuela detrás, aunque los hechos la nieguen, los lingüistas la nieguen y hasta la RAE se pronuncie en su contra. Esto presenta un obstáculo a la reforma, porque los opositores pueden argumentar que un cambio en este sentido estaría yendo en la dirección de aquellos que “hablan mal el idioma”, lo que causaría todavía más resistencia que en el caso de otros cambios como GE GI -> JE JI.

Por estas razones, creo que es necesaria más educación sobre este tema y quizás este sea el último cambio que sea posible aplicar.

Si el cambio se aplicara, hay dos opciones a considerar. Una sería usar las dos letras, y tratar de hacerlas reflejar aunque sea en cierta medida la diferencia entre la pronunciación fricativa/aproximante de la B/V y la pronunciación oclusiva de la B/V. Es decir, se podría hacer un cambio a partir del cual la B/V se escribiera V en posición intervocálica y B en todos los otros casos. Esto evitaría el problema de las diferencias dialectológicas entre la pronunciación estándar Bogotana y la pronunciación de los demás dialectos del español, y sería una regla bastante simple y fácil de aprender.

Sin embargo, en este caso me inclino por un cambio más radical: un cambio V -> B en todos los casos, que relegue la V a los préstamos y los nombres propios. El caso es que las reglas de pronunciación fricativa/aproximante u oclusiva de la B/V son reglas de alofonía que las dominan todos los hablantes nativos, y no es necesario reflejarla en la ortografía. En este caso me inclino por beneficiar a los hablantes nativos por sobre los estudiantes extranjeros. Los hablantes nativos siempre deberían ser los primeros en beneficiarse por una reforma ortográfica.

Hay otra razón: las personas que a veces pronuncian V como labiodental por cuestiones estilísticas siguen respetando las reglas de alofonía en el caso de B. Entonces, si se pusiera en efecto un cambio V -> B, sería claro para todos que no se está diciendo nada nuevo sobre la pronunciación de las palabras (salvo una categórica afirmación de la no existencia de la diferencia).

También tenemos que considerar la cantidad de palabras que hoy día ya se escriben con B intervocálica, por caso, todas las conjugaciones del imperfecto de los verbos de la primera conjugación (los que tienen infinitivos terminados en -AR).

Por todas estas razones creo que, de poderse aplicar, un cambio generalizado V -> B es preferible (“vaca”, “avispa” -> “baca”, “abispa”). Este cambio debería acompañarse también por un cambio de todos los casos de NV a MB, para que el cambio acompañe la regularidad de la regla de uso de M al final de una sílaba (“enviar” -> “embiar”).

13- Cuando se trata de cómo escribir los sonidos vocálicos y los diptongos, la ortografía actual es bastante consistente. Sin embargo, podrían hacerse algunas regularizaciones, como “bonsái” -> “bonsay”. Entremezclado con esto está el problema de los préstamos. ¿Si una palabra es un préstamo, debería conservar la grafía original? Esta pregunta excede los límites de esta propuesta, pero me permito responder parcialmente: cuando un préstamo es de larga data, en cierta medida deja de parecer un préstamo, y en este caso creo que es un buen candidato para el cambio.

14- Hay otros casos de irregularidades que merecen atención y posibles cambios. Por ejemplo, la palabra “excelente” y otras similares. Las personas que no pronuncian la distinción entre SE y CE pronuncian la XC en esa palabra como “ks”, mientras que las que lo hacen pronuncian la XC como “kc”. Frente a esto, la palabra debería escribirse “eccelente”. Hay ejemplos de palabras que ya se escriben así, como “acción”. En resumen, el cambio sería XCE XCI -> CCE CCI.

15- El caso de la X es curioso porque es la única letra del alfabeto del castellano que se usa en el sistema actual para representar una secuencia en vez de un único sonido. Por eso, cabe preguntarse si no debería escribirse esta secuencia con dos letras en vez de una. Siguiendo al resto del sistema, y como ya es el caso en algunas palabras (“facsímil”), se podría escribir con CS. Sin embargo, creo que en este caso es mejor no innovar. Es raro que una letra represente una secuencia cuando todas las otras representan un solo sonido, pero existen casos iguales en otros idiomas. Una pregunta más interesante sería si tendría sentido regularizar el sistema en la dirección de la X en lugar de la CS, con la justificación de que hay más palabras que se escriben con X, y son de mayor frecuencia. Si esto es así, quizás tendría sentido un cambio CS -> X, en lugar de un cambio al revés (“facsímil” -> “faxímil”). Tenemos que tener en cuenta también que si algo puede regularizarse, siendo iguales los demás factores, regularizarlo en el sentido del caso de mayor frecuencia en el sistema actual tiene sentido, ya que una reforma que en apariencia cambie menos tiene más posibilidades de ser aceptada, y también es más fácil de aprender de parte de las personas que ya conocen el sistema que ya existe.

Algo más sobre la X. La X de principio de palabra (X-) se pronuncia de forma generalizada como S. En este caso, tiene sentido un cambio X- -> S-. Entonces, “xilofón” -> “silofón”. En el caso de “xenofobia”, el resultado sería un poco gracioso, pero la posibilidad de un poco de humor no debería hacer que estemos menos dispuestos a una reforma ortográfica.

16- Como último punto, me gustaría decir que una reforma ortográfica puede siempre empezar con la aceptación oficial de variantes ortográficas igualmente válidas. Hay precedentes para esto en la ortografía académica, y no es mala idea. Una reforma debería llevarnos a un sistema más consistente, fácil de aprender y fácil de usar, que mejore la vida y la “felicidad lingüística” de los hablantes, al menos al leer y expresarse por escrito. En este sentido, aceptar como igualmente válidas variantes ortográficas en algunos casos tendría un doble beneficio: por un lado, podría hacer más felices a los que opten por la opción que les resulte más conservadora. Por el otro, simplificaría el uso del sistema para aquellos que elijan la opción nueva. Y por último, sería una relajación de la norma que lleve en última instancia a una idea de la ortografía, y de la escritura, menos rígida, y menos prejuiciosa. Es decir, una idea de que existe más de una forma de “escribir bien”. Cuestión con la que muchos, entre ellos muchos lingüistas, estarían muy de acuerdo. Un cierto grado de digrafia entre formas más y menos conservadoras podría ser parte de un cambio positivo.

Específicamente, en lo que respecta a variantes igualmente aceptadas, existen hoy en día variantes PS-/S- y MN-/N-. Una reforma como la mía recomendaría un cambio generalizado a las segundas opciones de cada par, pero una aceptabilidad conjunta, al mismo nivel, puede ser un primer paso útil de un cambio en el sentido de un sistema más regular y ajustado a la pronunciación.

De la misma forma, podrían aceptarse en algunos casos variantes ortográficas para dar cuenta de las diferencias de pronunciación de distintos hablantes. Así como en el caso de “septiembre” y “setiembre” o “guión” y “guion” la ortografía académica acepta ambas formas, un sistema nuevo podría juzgar como igualmente aceptables “octubre” y “otubre”, haciendo que las personas que pronuncian la palabra de la segunda manera tuvieran menores problemas a la hora de aprender el sistema, y que al mismo tiempo, por la influencia prescriptiva de la escritura (algo un poco ineludible), el cambio contribuyera a la aceptabilidad de las formas como “otubre” en la sociedad hispanohablante en general (me permito acá un poco de optimismo). Una ortografía que se pretenda general tiende a la generalización y la unicidad de la norma, pero no tiene por qué ser así por completo.

Otro caso de variantes aceptables podría ser el de “tenganló”, variante pragmática de “ténganlo”, y casos similares. Este puede ser un principio de solución a los errores de acentuación causados por diferencias de pronunciación, y no es demasiado diferente del caso ya existente de las variantes “guión” y “guion”.

También podrían hacerse igualmente aceptables variantes como “anégdota”, “aujero”, “ovio” (u “obio”, si se aplica V -> B), “almuada”, “alcol”, así como casos de simplificaciones de diptongos como “estadunidense”, e incluso variantes de pronunciación que para algunos son estilísticas como “ventiuno/bentiuno” y “trenta y uno”, a la par de las versiones del sistema actual; casos que reflejan mi pronunciación, y la de muchos otros.

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3 thoughts on “Apuntes para una reforma ortográfica del castellano

  1. I noticed that you have a taste for vulgarly phonetic orthographies; doesn’t it happen to you that they are only suitable for primitive indigenous people who’ve just received their writing from scholars dealing with their languages… and they are not at all suitable for technically and culturally advanced civilizations which South America and Anglosphere definitely are?

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